W.B.YEATS recoge la antorcha de Tagore

Hacia principios del siglo XX, un tal Yeats ya había vislumbrado el devenir de las civilizaciones pasadas, presentes y futuras. En los tiempos zozobrantes de dulzura melancolía del pasado, ante ignominiosos personajes pululantes entre bambalinas hechas de retazos de grandezas pasadas, si las hubiera, no estaría de más que se pegara en todas las paredes la siguiente metáfora. Yeats fué premiado con el Nobel, diez años después que Tagore.

EL MERU

La civilización mantiene su ensamblaje
sometida a mandato, bajo una paz fingida,
con ilusiones múltiples, como barril con zunchos;
pero la vida humana es pensamiento; el hombre,
aún sumido en terrores, jamás tiene descanso.
Siglo tras siglo, siempre con ansias insaciables,
devora, se enfurece, desarraiga y arranca
para llegar, al cabo de esfuerzos impacientes,
a la realidad desoladora.
¡Egipto y Grecia, adiós! ¡Adiós tú, Roma!
En las estribaciones del Everest o el Meru,
en noche emparedados bajo los ventisqueros,
o en mesetas atroces donde el hielo y el viento
azotan sus desnudos cuerpos, los eremitas
saben que tras el día viene la noche ciega
y que, antes de la aurora, todos los monumentos
y las glorias del hombre se habrán desvanecido.


W.B. YEATS
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