Decía Wong Kar - Wai
Dice Wong Kar-Wai que su cine es un viaje en tren que, como todo viaje, consta
de origen, paradas intermedias y destino. La mutación natural de ese esquema, de esa ortodoxa relación causa-efecto, es el kilómetro 0 a partir del cual brotan en cascada sus películas. Siguiendo con la metáfora del tren, las películas de Wong nunca llegan a destino, rara vez se avienen a seguir la hoja de ruta y, muy de vez en cuando, respetan el orden natural de paradas intermedias preestablecido.
Su cine es un cine enteramente orgánico, un ente con vida propia y, aparentemente, con capacidad de decisión al margen de la voluntad de su autor. Hay un sustrato poético detrás de toda esa mitología de la imagen autosuficiente, pero romanticismos aparte, no es menos cierto que el anárquico esquema de trabajo del director hongkonés exige una capacidad de adaptación al medio fuera de serie.
El tren de Wong propone quiebros mil en el camino y, por regla general, la estación de destino no es, ni remotamente, aquélla inicialmente prevista, y es que trabajar con presupuestos exiguos y en rodajes que a veces se prolongan ad infinitum exige instinto natural para la improvisación, para la reconversión y, si exagerar, para filmar, si es preciso, una película que absolutamente nada tiene que ver con la que emerge del tratamiento escrito.
El cine de Wong Kar-Wai es quintaesencia de work-in-progress, flexible, maleable, dúctil y con una extraordinaria suficiencia para la regeneración. Lo habitual es que las películas se rebelen e impongan su propia ley y decidan, sin consultar con nadie, cómo y dónde quieren llegar; Wong es un artista antes que un surtidor de películas, su dilema es el del pintor delante del lienzo en blanco, incapaz de codificar las formas que emergen agresivas desde el pincel.
Su cine es cine de andamios y su significado último, aún y siempre inédito mientras siga en activo, es una equis gigantesca, inasible desde la observación individualizada de las partes, hostil desde la consideración independiente de las piezas. Desglosar su obra, deconstruirla en fragmentos para volver a construirla en pos de un análisis global coherente, depende enteramente de la capacidad del crítico para leer la obra en perspectiva y entender cada pieza como eslabón de una cadena infinita, como las notas (autosuficientes, bien es cierto) de una suite indescifrable fuera del contexto
esclarecedor de la sinfonía.
La filmografía de Wong Kar-Wai es una sola película desmenuzada en capítulos, policromías de un gran mosaico en construcción que, y ése es el gran activo del cine de Wong, no se ruborizan de sus socavones, de su andamiaje y de sus paisajes sentimentales en obras.
Lleva el director de Deseando Amar haciendo la misma película desde 1988. As Tears Go By, Days of Being Wild, Happy Together, 2046… escenifican el lugar ocupado por Wong en el curso del tiempo en términos de relación artista-imagen, su posicionamiento con respecto al paso de los años en la medida en que éstos afectan a la morfología de tales imágenes. En una entrevista con el director hongkonés, concedida a colación del estreno en España de 2046 (ver CineAsia Vol. 6), renegaba éste de la sistematización de su obra en bloques atendiendo, fundamentalmente, a la mala costumbre de agrupar Days of Being Wild, Deseando Amar y 2046 como una trilogía.
Las afinidades, cristalinas, entre las tres películas responden única y exclusivamente a la progresiva maduración de su sensibilidad como artista y a la depuración formal y conceptual de sus ficciones en pos de la utopía del alquimista, del ideal de la película perfecta. Days of Being Wild y 2046 son la misma cinta filmada con un intervalo de 13 años: la huella tangible del hombre que Wong era en 1991 y el que fue en 2004 que es otro, bien diferente, al que era en 2007, cuando dio a luz a My Blueberry Nights.
El artista en el océano del tiempo, en la encrucijada de la traumática aproximación al cenit, en la eterna regeneración del abismo del lienzo en blanco, en busca, consciente del imposible de la empresa, de la película soñada. En ese sentido todas y cada una de las películas de Wong Kar-Wai son bocetos, bosquejos sublimes de una película total que ni existe ni existirá, pero es la abstracta persecución inconsciente de ese ideal la misma razón de ser, la clave de la especificidad de una filmografía referencial en el contexto de la posmodernidad universal.
Roberto Piorno
Cine Asia